“Sí.
Cuando llegué a ver mi editora, estaba como un
flan. Ella me recibió y me hizo pasar a su despacho. Nos
sentamos. En mi máscara, que pretendía ser
hierática, había una fuga de emoción y cierto
nerviosismo que se escapaba en la humedad de mi mirada. Ella se
sentó tras su mesa, y con un gesto que...